¿ SOMOS LOS ULTIMOS ROMÁNTICOS ?
El sábado pasado, cuando volvíamos de nuestro paseo ciclista, el grupo se cortó. A Juan se le salió la cadena bajando el "puerto de la platanera" y Asensio y yo minoramos la velocidad para esperarlo. Llegando al campo de golf y a casa de Pepe, un monovolúmen que venía por detrás tuvo que frenar para no alcanzarnos.
Nuevamente me asaltaron las angustias. El sábado era el primer día en que salía Carlos, después de que un vehículo le diera "un toque" que lo ha tenido varios meses en dique seco. Ya somos varios los que hemos sufrido incidentes desagradables con otros usuarios de la carretera, y surge de nuevo la pregunta: ¿Vale la pena?

Pablo Ortiz García
Grupo Ciclista La Florida |
Y es que creo que somos una especie anacrónica: Cabalgamos sobre una montura muy cara, que compramos sin ayudas públicas y que mantenemos con nuestros bolsillos; para algunos es un esfuerzo económico importante. Vamos montados en una máquina inestable, tanto que una pequeña piedra del camino, un bache, un poco de agua, o simplemente el viento nos puede hacer caer. No emitimos gases tóxicos, no hacemos ruido, no consumimos combustibles no renovables.
Pero ello, correspondiendo a la época del romanticismo, no es lo más característico. Lo más importante y decimonónico es el espíritu que impera en el grupo: somos competitivos porque tenemos pundonor, pero ante todo somos solidarios. Nos animamos mutuamente en los momentos de esfuerzo o flaqueza, esperando al que se retrasa; nos ayudamos en caso de avería poniendo en común las herramientas o repuestos de los que disponemos y elogiamos a los que se muestran fuertes o líderes. En definitiva, fomentamos la amistad en su sentido más auténtico y desinteresado. Por eso este deporte nos engancha.
El tiempo que dedicamos a nuestra afición se lo restamos a nuestras familias. Pero a cambio nos podemos desahogar, comentando con nuestros compañeros nuestros problemas laborales y hasta los personales, practicando una saludable terapia de grupo.
Sin embargo, y como ocurría con los románticos en su tiempo, somos incomprendidos por una parte muy importante de la sociedad, la de los coches potentes y rápidos, la de los camiones con prisa, la de los conductores desaprensivos, que nos consideran un "grano en el culo", un obstáculo en la carretera que hay que sortear, y nos pitan o pasan peligrosamente cerca si abandonamos el arcén o si vamos en paralelo (aunque el código de circulación lo permite); casi siempre nos prestan poca atención porque en caso de colisión no suponemos un peligro para sus armaduras móviles. A veces leemos en los periódicos que algún ciclista ha sido atropellado y abandonado.
Todos deberíamos pensar que alguna vez podemos circular por la carretera (nosotros o nuestros hijos) como peatones o ciclistas y que también los caminos se hicieron pensando en ellos.
TIENES ALGO
QUE PROTEGER
EN BICI USA
SIEMPRE EL CASCO
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Desde luego, también hay personas conscientes de lo que representa este deporte. El otoño pasado me sorprendió la noche volviendo de Aguas, por el campo. Un coche que venía detrás encendió sus luces, redujo su velocidad y se puso detrás de mi hasta que llegamos a Campello; ni siquiera tuve oportunidad de darle las gracias.
Creo que el cicloturismo merece que luchemos por él, que reivindiquemos nuestro derecho ante la Administración Pública para que construyan carriles adecuados para nosotros. Pero fundamentalmente ante la sociedad para que nos miren con empatía, incluso con admiración. Pero no deberíamos morir en el intento.
Salut. Pau.
Alicante, 16 de marzo de 2005

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